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Machine learning ayuda a entender el riesgo genético de obesidad y el valor de un estilo de vida saludable

Nuevo estudio muestra que, incluso en personas con alta predisposición genética a la obesidad, hábitos como hacer ejercicio, no fumar y llevar una dieta equilibrada pueden disminuir de forma significativa el riesgo de mortalidad.

Un nuevo estudio internacional publicado en npj Digital Medicine journal sugiere que la herencia genética no tiene la última palabra cuando se trata de salud. Investigadores desarrollaron un modelo basado en artificial intelligence (AI) para estimar el riesgo genético de obesidad y descubrieron que mantener un estilo de vida saludable puede contrarrestar buena parte del peligro que esta predisposición implica para la supervivencia.

La obesidad está influida tanto por los genes como por el entorno. Sin embargo, hasta ahora se sabía poco sobre cómo interactúan ambos factores cuando se trata del riesgo de morir por cualquier causa. Para responder a esta pregunta, los científicos analizaron información genética y de salud de más de 490 mil personas del Reino Unido y China, y desarrollaron una herramienta llamada “puntaje poligénico de riesgo de obesidad”, capaz de estimar qué tan fuerte es la predisposición genética de una persona a ganar peso.

Los resultados mostraron que quienes tenían un puntaje genético alto presentaban también un mayor riesgo de muerte en comparación con quienes tenían una predisposición baja. Pero la noticia más alentadora llegó al analizar el papel de los hábitos cotidianos. Entre las personas con alto riesgo genético, aquellas que cumplían con cuatro factores de estilo de vida saludable, como no fumar, consumir poco o nada de alcohol, realizar actividad física regular y mantener una dieta balanceada, redujeron su riesgo de morir en casi 60% frente a quienes no seguían ninguno de estos hábitos .

Este hallazgo es especialmente relevante porque demuestra que la genética no determina por completo el futuro de una persona. Aunque los genes pueden aumentar la probabilidad de desarrollar obesidad, las decisiones diarias siguen teniendo un peso enorme en la salud a largo plazo. En otras palabras, incluso quienes nacen con una mayor vulnerabilidad pueden tomar acciones concretas para proteger su bienestar.

El estudio también encontró que el riesgo genético se relaciona de forma directa con problemas metabólicos como hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, lo que refuerza la importancia de detectar a tiempo a las personas con mayor susceptibilidad. Para ello, los autores proponen que este tipo de herramientas basadas en AI podrían utilizarse en el futuro como apoyo en la medicina preventiva, ayudando a identificar a quienes más se beneficiarían de programas personalizados de cambio de hábitos.

Los investigadores subrayan, sin embargo, que estos resultados no deben interpretarse como una sentencia inamovible. Al contrario, la evidencia apunta a que un estilo de vida saludable puede marcar una diferencia real, incluso frente a una carga genética desfavorable. Promover la actividad física, una alimentación equilibrada y la reducción del consumo de tabaco y alcohol no solo sigue siendo una recomendación general de salud pública, sino que ahora se confirma como una estrategia poderosa para disminuir riesgos que antes se consideraban casi inevitables.

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