Nuevo estudio identifica los principales factores clínicos y patológicos que ayudan a anticipar qué pacientes, aun sin metástasis en ganglios linfáticos, tienen mayor probabilidad de que la enfermedad reaparezca tras la cirugía.
Un equipo de investigadores de Cedars-Sinai, en colaboración con cinco centros médicos de alto volumen en Estados Unidos, desarrolló y validó una nueva herramienta clínica para estimar el riesgo de recurrencia en pacientes con tumores neuroendocrinos de páncreas que no presentan afectación de los ganglios linfáticos. Los hallazgos, publicados en la revista JAMA Surgery, buscan cerrar una brecha importante en la atención de este grupo de pacientes, que hasta ahora contaba con pocas guías para un seguimiento personalizado después de la cirugía.
Los tumores neuroendocrinos pancreáticos, conocidos como PanNETs, son poco frecuentes y suelen tener un comportamiento menos agresivo que otros tipos de cáncer de páncreas. En general, los pacientes sin diseminación a ganglios linfáticos tienen un buen pronóstico tras la resección quirúrgica, con tasas de supervivencia a cinco años cercanas al 90%. Sin embargo, la experiencia clínica ha mostrado que una proporción de estos pacientes desarrolla recurrencias a pesar de no presentar metástasis al momento del diagnóstico, lo que plantea la necesidad de identificar mejor quiénes requieren un seguimiento más estrecho.
Para abordar este problema, los investigadores analizaron de manera retrospectiva la información de 770 pacientes tratados entre 2000 y 2023. Todos tenían tumores localizados, al menos ocho ganglios evaluados y resultados negativos para metástasis ganglionares. Tras un seguimiento medio de poco más de cuatro años, se observó que alrededor del 10.6% de los pacientes presentó recurrencia tumoral, generalmente en un plazo promedio de casi tres años después de la cirugía.
El análisis permitió identificar cuatro factores que, de forma independiente, se asociaron con un mayor riesgo de que el cáncer regresara. Estos fueron el sexo masculino, un tamaño tumoral igual o mayor a tres centímetros, un grado histológico de la Organización Mundial de la Salud de dos o más, y la presencia de invasión linfovascular, es decir, la entrada de células cancerosas en vasos sanguíneos o linfáticos. A partir de estos elementos, el equipo construyó un puntaje de riesgo de 13 puntos que clasifica a los pacientes en tres grupos: bajo, moderado y alto riesgo de recurrencia.
Los resultados mostraron diferencias claras entre estos grupos. Mientras que en el grupo de bajo riesgo la recurrencia fue de apenas 2.4%, en el grupo de riesgo moderado aumentó a 9%, y en el de alto riesgo alcanzó casi el 28%. Estas variaciones también se reflejaron en la supervivencia libre de enfermedad a 10 años, que fue superior al 96% en los pacientes de bajo riesgo, pero descendió a poco más del 51% en aquellos considerados de alto riesgo. El modelo mostró además una alta capacidad predictiva tanto en la validación interna como en una cohorte externa.
Como parte del estudio, los investigadores incorporaron análisis genómicos en un grupo independiente de pacientes, lo que permitió identificar patrones moleculares asociados a la recurrencia. Los tumores que reaparecieron mostraron una mayor carga mutacional y alteraciones en genes como DAXX, MTOR and TRPC7, entre otros, lo que abre la puerta a futuras investigaciones sobre terapias dirigidas y estrategias de seguimiento basadas no solo en criterios clínicos, sino también en información genética.
Para la doctora Cristina R. Ferrone, cirujana y autora principal del estudio, estos hallazgos representan un cambio importante en la manera de cuidar a este grupo de pacientes. “Ahora tenemos una forma de identificar a personas cuyo riesgo de recurrencia pudo haber sido pasado por alto en el pasado. Esto nos da la oportunidad de transformar la atención que ofrecemos de manera significativa”, señaló. En su opinión, el nuevo puntaje ayuda a dejar atrás el enfoque de “una sola estrategia para todos” y avanzar hacia esquemas de vigilancia más individualizados y eficientes.
Los autores destacan que la herramienta no solo puede mejorar la detección temprana de recurrencias, sino también optimizar recursos al evitar seguimientos excesivos en pacientes con riesgo bajo, al tiempo que se refuerza la vigilancia en quienes más lo necesitan. A mediano plazo, los autores esperan que estos resultados influyan en la actualización de guías clínicas y contribuyan a una atención más precisa, costo-efectiva y centrada en las características reales de cada paciente con tumores neuroendocrinos de páncreas.



