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La OMS y Corea del Sur presentan la Declaración de Seúl sobre inteligencia artificial en salud

El documento establece principios y medidas sobre validación, supervisión humana, gobernanza de datos, cooperación internacional y seguridad sanitaria, y se dio a conocer durante la Cumbre Mundial de Bio 2026.

El Ministerio de Salud y Bienestar de la República de Corea y la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentaron el 21 de octubre la Declaración de Seúl sobre IA en la Atención de la Salud para la Innovación Responsable y la Solidaridad Global. El texto se propuso durante la Cumbre Mundial de Bio 2026, organizada conjuntamente por el Gobierno coreano y la OMS, y realizada junto con el 49º Congreso Mundial de Hospitales de la Federación Internacional de Hospitales. La declaración se apoya en dos documentos previos de la OMS: la guía sobre ética y gobernanza de la inteligencia artificial (IA) para la salud y el documento de consideraciones regulatorias sobre IA para la salud.

El texto reconoce que la IA puede transformar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades, el desarrollo de medicamentos, vacunas y dispositivos médicos, la rehabilitación, la operación de las instituciones de salud y la respuesta a emergencias de salud pública. Al mismo tiempo, señala que persisten vacíos de evidencia sobre su desempeño en condiciones reales, sus efectos en los resultados de salud de la población y su sostenibilidad, y que la preparación para adoptarla varía entre países y contextos. Los firmantes se comprometen a promover la expansión responsable de tecnologías validadas, la protección de los datos de salud y un reparto equitativo de beneficios, con el objetivo de reducir desigualdades geográficas y mejorar el acceso a servicios efectivos.

La declaración identifica riesgos asociados con la IA en salud, entre ellos errores, sesgos, tergiversación de información y vulneraciones de la privacidad, además de la posibilidad de ampliar desigualdades existentes. Establece que estas herramientas deben usarse dentro de ámbitos de aplicación validados y con condiciones que permitan la supervisión humana, y que las líneas de responsabilidad y los procedimientos de respuesta deben estar claramente definidos. En esa línea, el documento afirma: “Afirmamos que reconocer los riesgos es una condición previa para el uso de la IA para la salud”.

“La supervisión debe ser proporcional al riesgo. Una herramienta probada y de bajo riesgo no requiere el mismo escrutinio que un sistema que actúa en nombre de un médico o un paciente. Pero los pacientes deben saber cuándo se utiliza la IA en su atención médica, y los profesionales e instituciones sanitarias deben seguir rindiendo cuentas”, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS.

El primero de los cuatro apartados se refiere a la tecnología, la industria, los datos y la inversión. Plantea apoyar la expansión de herramientas de IA alineadas con las necesidades de los sistemas de salud y con efectividad clínica, seguridad y costo-efectividad validadas, con atención al uso en zonas con escasa cobertura médica y en entornos de salud pública. También propone fortalecer la gobernanza, la interoperabilidad y la seguridad de los datos de salud, ampliar de manera equitativa el acceso a ellos y fomentar la transparencia para evitar una monopolización indebida. Además, contempla orientar la inversión hacia necesidades de salud no atendidas, con transferencia de tecnología y desarrollo de personal local para fortalecer la capacidad propia de cada país.

El segundo apartado se centra en el uso responsable y la gestión de riesgos. Recomienda adoptar una gobernanza proporcional al riesgo durante todo el ciclo de vida de los sistemas, desde el diseño y el desarrollo hasta su implementación, monitoreo y retiro, además de informar con transparencia las limitaciones y los riesgos residuales y realizar validación clínica acorde con el nivel de riesgo. Los cambios en el desempeño después de su implementación deberán monitorearse de manera continua.

El texto sostiene que “el juicio final en la atención de la salud recae en los seres humanos y en sus procesos de toma de decisiones”. También prevé aclarar dónde recae la responsabilidad y cómo se distribuye, para determinar las causas de los incidentes y reparar los daños, fortalecer la formación y la alfabetización digital y en IA de profesionales y tomadores de decisiones, proteger a los profesionales de salud de responsabilidades derivadas de fallas de los sistemas y garantizar el derecho de los pacientes a ser informados y a decidir sobre el uso de la IA.

En el tercer apartado, dedicado a la cooperación global y la seguridad sanitaria, los firmantes se comprometen a impulsar estándares internacionales, la armonización regulatoria, la interoperabilidad y enfoques de evaluación conjunta, con la participación equitativa de todos los países, incluidos los de ingresos bajos y medios. El documento también llama a usar de manera eficiente el agua y la energía para reducir el impacto ambiental del desarrollo y la operación de estos sistemas. Entre las aplicaciones previstas para fortalecer la seguridad sanitaria se incluyen la detección temprana de enfermedades infecciosas y emergencias de salud pública, la proyección de la propagación de enfermedades y de la demanda de recursos, la resiliencia de las cadenas de suministro, la ciberseguridad de los sistemas de salud y los mecanismos conjuntos de respuesta internacional. La declaración añade el compromiso de contribuir a evaluar y manejar los riesgos de bioseguridad que puedan surgir de la convergencia entre la IA y las ciencias de la vida.

El cuarto apartado trata de la implementación y el seguimiento. Los compromisos se traducirán en acciones lideradas por los países y las organizaciones, adaptadas a cada contexto y apoyadas por cooperación internacional, financiamiento sostenible, formación de capacidades e intercambio de conocimientos, sobre la base de las estrategias e infraestructuras nacionales de salud digital existentes y de acuerdo con los mandatos, leyes y regulaciones aplicables.

“La próxima Estrategia Global de Salud Digital, para el período 2028-2033, establecerá las prioridades sobre las bases que los países necesitan para estar preparados para la IA. La confianza pública no puede codificarse en un sistema ni anunciarse en una declaración. Se obtiene a través de pruebas, transparencia, rendición de cuentas y resultados. La Declaración de Seúl nos proporciona una dirección común. Nuestra responsabilidad ahora es traducir sus principios en sistemas seguros, eficaces y dignos de esa confianza.”

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