Un estudio reciente en encontró que la forma en que se organizan las células cancerosas y el tejido conectivo que las rodea, tras la quimioterapia y la cirugía, predice el riesgo de recurrencia del cáncer de páncreas incluso cuando la cantidad de tumor residual no lo hace.
Un equipo de investigadores de Mayo Clinic, en colaboración con Brown University y Arizona State University, desarrolló un análisis espacial computacional que permite predecir el riesgo de recurrencia del adenocarcinoma ductal pancreático (PDAC, en inglés) a partir de la disposición geográfica de las células cancerosas y el estroma que las rodea en el tejido resecado quirúrgicamente. Los resultados del estudio fueron publicados en Clinical Cancer Research.
El adenocarcinoma ductal pancreático continúa siendo uno de los cánceres más letales, con altas tasas de recurrencia pese a los avances en terapia neoadyuvante, es decir, el tratamiento con quimioterapia previo a la cirugía, y a la resección con intención curativa. Aunque una respuesta patológica mayor al tratamiento se asocia con mejores resultados, la mayoría de los pacientes logra solo una respuesta menor, con un pronóstico heterogéneo. Las evaluaciones patológicas actuales se centran principalmente en cuantificar cuánto tumor persiste tras el tratamiento, sin considerar cómo está organizado espacialmente.
“Las evaluaciones patológicas actuales nos dicen principalmente cuánto tumor queda después del tratamiento. Queríamos saber si la geografía de ese cáncer remanente podría revelar biología adicional sobre el riesgo de recurrencia”, Dr. Ryan Carr, oncólogo de Mayo Clinic y autor principal del estudio.
Para responder a esa pregunta, el equipo analizó de forma retrospectiva una cohorte de 203 pacientes con adenocarcinoma ductal pancreático resecado, todos ellos tratados con terapia neoadyuvante y con una respuesta patológica menor al tratamiento. A partir de imágenes digitales de laminillas teñidas con hematoxilina y eosina, los investigadores utilizaron una plataforma de inteligencia artificial llamada PathExplore PDAC para segmentar el tejido en regiones de cáncer y de estroma asociado al tumor. Con esa información, aplicaron un método denominado Análisis del Paisaje Tumoral, inspirado en metodologías de la ecología del paisaje, para cuantificar tanto la composición del tejido, como la densidad de los parches celulares, como su configuración espacial, incluyendo la complejidad de las formas y el grado de mezcla entre los distintos tipos de tejido.
Los resultados mostraron que ni la clasificación tradicional de respuesta patológica ni la simple cuantificación del área ocupada por el cáncer residual lograron predecir de forma significativa la supervivencia libre de enfermedad en esta cohorte. En cambio, dos modelos de riesgo basados en la organización espacial del tejido sí resultaron predictivos de forma independiente. El primero, basado en la forma promedio de los parches cancerosos y en la variabilidad de forma del estroma, se asoció con un riesgo 1.71 veces mayor de recurrencia en los pacientes clasificados como de alto riesgo. El segundo modelo, basado en el área promedio de los parches de estroma y en la densidad de bordes o interfaces entre tejidos, se asoció con un riesgo 2.19 veces mayor. Ambos modelos permanecieron significativos incluso después de ajustar por factores clinicopatológicos estándar, como la etapa del tumor, el compromiso ganglionar y la invasión perineural o linfovascular.
Los pacientes clasificados como de alto riesgo mediante el primer modelo tuvieron una supervivencia libre de enfermedad mediana de 7.23 meses, frente a 11.57 meses en los pacientes de bajo riesgo. En términos generales, un patrón tisular fragmentado, con mayor densidad de interfaces entre cáncer y estroma, mayor diversidad espacial y menor agrupación de células del mismo tipo, se asoció de forma consistente con peores desenlaces.
El estudio también encontró que estas configuraciones de alto riesgo se relacionaron con una menor densidad de linfocitos infiltrantes de tumor dentro del propio cáncer, con una acumulación relativa de estas células inmunitarias en la periferia de los parches tumorales y dentro del estroma. Según los investigadores, este patrón es compatible con un fenotipo de exclusión inmunológica, en el que las células de defensa del organismo quedan confinadas fuera del núcleo del tumor en lugar de infiltrarlo.
Entre las limitaciones del estudio, los autores señalan que se trata de un análisis retrospectivo realizado en una sola institución, y que no contaron con muestras de tejido previas al tratamiento para comparar directamente cómo se remodela la organización espacial del tumor a lo largo de la terapia. Por ello, subrayan la necesidad de una validación prospectiva y externa, con distintos escáneres y protocolos de tinción, antes de que esta herramienta pueda integrarse en la práctica clínica.
“Nuestra meta a largo plazo es identificar mejor a los pacientes que permanecen con mayor riesgo y, en última instancia, utilizar ese conocimiento para orientar una vigilancia más individualizada, una terapia adyuvante más precisa y el diseño de ensayos clínicos”, Dr. Carr.




