Una revisión científica publicada en The Lancet Digital Health analiza el papel de la IA generativa en el tratamiento de obesidad.
La obesidad afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo y su prevalencia se ha casi triplicado en los últimos cincuenta años. Frente a la dificultad de ofrecer atención oportuna, personalizada y accesible, la inteligencia artificial (IA) generativa, en particular ChatGPT, ha comenzado a explorarse como una herramienta de apoyo en su manejo. Un equipo internacional de investigadores de Alemania, Brasil y de la Universidad de Harvard realizó una revisión sistemática de la evidencia disponible para determinar hasta dónde llega, y dónde se detiene, la utilidad de esta tecnología.
El estudio, publicado en The Lancet Digital Health, analizó 37 investigaciones publicadas entre diciembre de 2022 y octubre de 2025. Los resultados muestran un panorama con luces y sombras. En contextos relacionados con nutrición y estilo de vida, ChatGPT alcanzó altos niveles de precisión en el 75% de los estudios evaluados. En cambio, cuando se analizaron escenarios vinculados a cirugía bariátrica, ese porcentaje bajó al 50%. Frente a otras herramientas de IA, como DeepSeek, Gemini o Copilot, ChatGPT mostró en general un mejor desempeño, aunque los autores advierten que la comparación con aplicaciones especializadas o algoritmos clínicos arrojó resultados menos favorables.
Los investigadores identificaron ocho áreas donde ChatGPT puede ofrecer apoyo concreto: orientación sobre hábitos de vida, acompañamiento al paciente, soporte al personal clínico, guía sobre medicamentos, evaluación virtual, orientación quirúrgica, modelado predictivo y asistencia en investigación. En algunos de estos campos, los resultados son alentadores. Por ejemplo, en un ensayo con adultos con sobrepeso, los mensajes de coaching generados por la herramienta fueron considerados tan efectivos como los producidos por entrenadores humanos, y la mitad de los participantes no logró distinguir si los mensajes habían sido escritos por una persona o por la IA. En otro estudio, las dietas elaboradas por ChatGPT resultaron clínicamente aceptables para 57 de 67 expertos consultados.
Sin embargo, la revisión también documenta limitaciones que los autores consideran fundamentales antes de cualquier despliegue clínico. La herramienta puede generar información desactualizada, incompleta o desalineada con las guías médicas vigentes. Su entrenamiento predominante en datos de entornos angloparlantes y de altos ingresos introduce sesgos que pueden hacerla menos útil o culturalmente inapropiada para poblaciones de otras regiones. A esto se suman preocupaciones sobre privacidad, responsabilidad legal, opacidad en la generación de respuestas y el riesgo de que tanto pacientes como profesionales de la salud desarrollen una dependencia excesiva de la tecnología, en detrimento del juicio clínico.
Los autores señalan además que la mayoría de los estudios incluidos en la revisión presentan una calidad metodológica moderada y carecen de ensayos clínicos aleatorizados que midan resultados concretos, como la pérdida de peso sostenida o cambios duraderos en el comportamiento. Esto, subrayan, coloca el uso de ChatGPT en el terreno de lo exploratorio, no de lo establecido.
La revisión concluye que el futuro de esta tecnología en el manejo de la obesidad dependerá de una integración responsable, que combine validación clínica rigurosa, marcos regulatorios claros, supervisión humana continua y modelos diseñados con sensibilidad cultural e inclusión. ChatGPT puede ser un recurso de apoyo valioso dentro de los sistemas de atención existentes, pero no un sustituto de la consulta médica profesional.




