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¿Qué tan efectivas son las aplicaciones móviles de salud para controlar enfermedades crónicas?

Una revisión general con metaanálisis analizó 78 revisiones sistemáticas sobre aplicaciones de salud y encontró efectos significativos en el control de glucosa, presión arterial, salud mental y actividad física, aunque con una certeza de evidencia limitada.

Un equipo internacional de investigadores de los Institutos de Ciencias de la Salud de Nestlé, en colaboración con especialistas de la Universidad de Toronto, la Universidad Estatal de Louisiana, el King’s College de Londres, la Escuela Politécnica Federal de Lausana, la Universidad de Australia del Sur, la Universidad Central de Queensland y la Escuela de Medicina de Harvard, publicó en la revista The Lancet Digital Health una revisión general con metaanálisis sobre la efectividad de las aplicaciones móviles para el manejo de enfermedades no transmisibles.

Los investigadores explicaron que las enfermedades no transmisibles constituyen la principal causa de muerte a nivel mundial, con 41 millones de fallecimientos anuales, equivalentes a casi 74% de la mortalidad global. Las enfermedades cardiovasculares representan el mayor factor, con 17.9 millones de muertes al año, seguidas del cáncer, con 9.3 millones, y la diabetes, con 2 millones. El equipo señaló que, en 2024, aproximadamente 4 mil 880 millones de personas contaban con un teléfono inteligente, equivalente a 60.4% de la población mundial, y que el mercado de aplicaciones de salud móvil ofrece actualmente alrededor de 350 mil aplicaciones distintas.

Para esta revisión general y metaanálisis, denominado en inglés umbrella review, el equipo realizó búsquedas en ocho bases de datos científicas entre el 1 de enero de 2013 y el 10 de enero de 2024, sin restricciones geográficas ni de idioma. De 14 mil 569 registros identificados inicialmente, los investigadores seleccionaron 78 revisiones sistemáticas con metaanálisis que cumplieron los criterios de inclusión, las cuales abarcaron 31 desenlaces de salud distintos, 496 estudios primarios y un total de 177 mil 373 participantes. Los estudios primarios incluidos tuvieron una duración de intervención de entre una semana y 28 meses, con tamaños de muestra que oscilaron entre 8 y 5 mil 293 participantes.

En cuanto a la distribución geográfica, la mayoría de los 496 estudios primarios se realizaron en países de Asia, seguidos de Norteamérica, Europa y Oceanía, mientras que apenas 1% correspondió a África y menos de 1% a Sudamérica. El equipo destacó que 71% de los estudios se llevaron a cabo en países de altos ingresos, con Estados Unidos, Australia y el Reino Unido a la cabeza, mientras que los países de ingresos bajos representaron apenas 1% del total.

El análisis encontró que las intervenciones basadas en aplicaciones produjeron mejoras significativas en la presión arterial. Para la presión sistólica se observó un efecto de tamaño medio, mientras que para la presión diastólica el efecto también resultó significativo, ambos con base en más de 40 estudios primarios. En contraste, los investigadores no encontraron efectos significativos sobre las concentraciones de colesterol LDL, colesterol HDL, colesterol total o triglicéridos, ni sobre la mortalidad por enfermedad cardiovascular.

En los desenlaces relacionados con diabetes, las aplicaciones mostraron efectos positivos considerables. Para la hemoglobina glucosilada, un indicador del control glucémico a largo plazo, el análisis de 97 estudios primarios reveló una mejora de tamaño medio a grande. La glucosa en ayunas y la glucosa posprandial a las dos horas también mostraron reducciones significativas y de gran magnitud, aunque los autores señalaron una heterogeneidad alta entre los estudios analizados para estos tres desenlaces.

Las aplicaciones mostraron beneficios en varios desenlaces de salud mental, con reducciones significativas en los síntomas de ansiedad, depresión y estrés, así como mejoras en mindfulness y bienestar general. No se encontraron efectos significativos sobre los niveles de malestar psicológico o distress.

En cuanto a nutrición y medidas antropométricas, el uso de aplicaciones se asoció con reducciones significativas en el peso corporal, la circunferencia de cintura y el índice de masa corporal, además de una mejora considerable en la calidad de la dieta. Sin embargo, no se observaron efectos significativos sobre el porcentaje de grasa corporal ni sobre el consumo de frutas y verduras.

Respecto a la actividad física, las aplicaciones mostraron mejoras en la actividad física moderada a vigorosa, el número de pasos diarios, la capacidad de ejercicio y una reducción en el tiempo sedentario. El estudio también encontró mejoras significativas en la adherencia a medicamentos entre personas con enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular, así como en la calidad de vida de quienes viven con enfermedades no transmisibles. En contraste, no se observaron efectos significativos sobre las hospitalizaciones ni sobre la abstinencia tabáquica a seis meses.

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio se relaciona con la calidad metodológica de las revisiones incluidas. De las 78 revisiones sistemáticas analizadas, únicamente una, equivalente a 1%, fue calificada como de alta calidad según la herramienta de evaluación AMSTAR 2. Tres revisiones, o 4% del total, obtuvieron calidad moderada; 17, equivalentes a 22%, fueron clasificadas como de baja calidad, y 57, correspondientes a 73% del total, se consideraron de calidad críticamente baja. Entre los problemas más frecuentes identificados por los autores se encuentran la ausencia de protocolos de estudio publicados, la falta de una lista de estudios excluidos con su respectiva justificación, y técnicas insatisfactorias para evaluar el riesgo de sesgo.

Al aplicar los criterios de Ioannidis, utilizados para clasificar la solidez de la evidencia científica, los investigadores encontraron que solo cinco desenlaces, entre ellos la glucosa posprandial, la glucosa en ayunas, la hemoglobina glucosilada, la adherencia a medicamentos y el mindfulness, contaron con evidencia altamente sugestiva. Ocho desenlaces adicionales, incluyendo la presión arterial y el peso corporal, mostraron evidencia sugestiva, mientras que once desenlaces presentaron evidencia débil y siete resultaron no significativos.

El equipo de investigación también identificó qué funciones específicas de las aplicaciones se relacionaron con mejores resultados. El monitoreo y seguimiento de datos, como el registro de hábitos alimenticios o del progreso físico, fue la categoría dominante para la mayoría de los desenlaces relacionados con enfermedad cardiovascular, diabetes, adherencia a medicamentos, nutrición y actividad física. En contraste, para los desenlaces de salud mental, el componente más frecuente fue la educación e información, presente en 37% de las intervenciones de este tipo. Los investigadores señalaron que las funciones de planificación y establecimiento de metas resultaron poco utilizadas en general, con su mayor aplicación en el ámbito de la actividad física.

Los autores plantearon que la combinación de funciones de seguimiento en tiempo real, retroalimentación personalizada, contenido educativo y apoyo social o profesional podría explicar una mayor participación y adherencia por parte de los usuarios, lo que a su vez produciría cambios conductuales a corto y mediano plazo. En cambio, los desenlaces que no mostraron efectos significativos, como los perfiles de lípidos o el consumo de frutas y verduras, suelen requerir estrategias más intensivas y multifactoriales que involucran dieta, medicamentos o programas clínicos estructurados.

El equipo de investigación concluyó que las intervenciones basadas en aplicaciones ofrecen beneficios significativos para múltiples desenlaces relacionados con enfermedades no transmisibles, incluyendo enfermedades cardiovasculares, control de glucosa, salud mental, actividad física y calidad de vida, por lo que su integración en los sistemas de salud debería considerarse como una prioridad. No obstante, los autores subrayaron que, dada la calidad predominantemente baja de la evidencia disponible, se requieren ensayos clínicos más amplios y metodológicamente rigurosos para fortalecer estas conclusiones.

Los investigadores también señalaron una brecha importante en la representación geográfica de los estudios, ya que menos de 3% de las investigaciones incluidas se realizaron en países de ingresos medios-bajos o bajos, y solo un estudio provino de Sudamérica. Como líneas futuras de investigación, el equipo propuso examinar la viabilidad y efectividad de integrar modelos de lenguaje de gran escala en las aplicaciones de salud, para ofrecer apoyo personalizado y conversacional, aunque advirtieron que esto exigirá una supervisión cuidadosa desde el punto de vista regulatorio y ético.

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