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Programa de rehabilitación cognitiva en realidad virtual mejora la memoria y el funcionamiento diario en personas con trastornos del ánimo y psicosis

Un ensayo clínico aleatorizado y doble ciego mostró que la terapia, administrada durante cuatro semanas mediante visores de realidad virtual, produjo mejoras que se mantuvieron hasta 17 semanas después del tratamiento.

Un equipo de investigadores desarrolló y evaluó una terapia de rehabilitación cognitiva basada en realidad virtual (VR-CRT, inglés) dirigida a personas con trastorno bipolar, depresión unipolar o trastornos del espectro de la psicosis. El estudio, publicado en The Lancet Digital Health, encontró que la intervención produjo mejoras significativamente mayores en la capacidad cognitiva funcional en comparación con un grupo control que también utilizó realidad virtual pero sin los componentes activos de entrenamiento.

El ensayo, realizado en Dinamarca, incluyó a 62 pacientes clínicamente estables de entre 18 y 55 años, asignados de manera aleatoria a cuatro semanas de VR-CRT o a un tratamiento control con realidad virtual. Ambos grupos utilizaron visores Meta Quest 2 y participaron en sesiones semanales con un terapeuta, pero solo el grupo de intervención recibió entrenamiento de estrategias cognitivas incorporado directamente en escenarios de vida cotidiana, como preparar una comida en una cocina virtual, hacer compras en un supermercado o estructurar tareas en una oficina.

En la evaluación primaria, realizada en la quinta semana, el grupo que recibió VR-CRT mostró una mejora promedio de 1.5 puntos en la puntuación Z de capacidad cognitiva funcional global, frente a 0,4 puntos en el grupo control. Este efecto se mantuvo en la evaluación de seguimiento realizada a las 17 semanas, con una mejora de 1.6 puntos frente a 0,6 puntos entre los grupos.

Los investigadores también observaron mejoras secundarias relevantes. La capacidad para realizar actividades de la vida diaria, medida con una prueba estándar en un apartamento de evaluación, mostró una mejora significativamente mayor en el grupo de intervención. Asimismo, el aprendizaje y la memoria verbal, evaluados con una prueba neuropsicológica tradicional, mejoraron de forma sostenida tanto al finalizar el tratamiento como en el seguimiento a los cuatro meses.

En cuanto al funcionamiento general, calificado por entrevistadores mediante una escala clínica estandarizada, el grupo de VR-CRT mostró mejoras significativas en autonomía, funcionamiento cognitivo y relaciones interpersonales al concluir el tratamiento, con efectos que persistieron en autonomía y funcionamiento cognitivo durante el seguimiento.

Asimismo, el 93% de los participantes que iniciaron el tratamiento completaron el protocolo, y ambos grupos reportaron niveles similares de tolerabilidad y satisfacción, con mareo leve y fatiga visual como los efectos adversos más frecuentes, ninguno de los cuales llevó a la interrupción del tratamiento. Dos participantes del grupo de intervención discontinuaron el estudio por exacerbación de síntomas depresivos, que los propios pacientes atribuyeron a circunstancias personales externas y no al tratamiento.

Los autores señalan que la muestra fue relativamente joven, clínicamente estable y compuesta en su mayoría por personas de origen étnico homogéneo, lo que limita la posibilidad de generalizar los resultados a poblaciones más diversas o con cuadros clínicos más severos. También indican que la evaluación de actividades de la vida diaria no pudo repetirse en el seguimiento por restricciones presupuestarias, por lo que la duración de ese efecto específico permanece incierta. Los investigadores plantean que futuros estudios deberán evaluar la terapia en muestras más amplias, con seguimiento a más largo plazo y en poblaciones con mayor diversidad clínica y demográfica.

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